Miguel Alfonso Inzaurralde Dorrego

Inzaurralde DorregoCandidato en la plataforma Ahora Retiro

Biografía

Aunque nací en Uruguay, los treinta años que llevo acá me preocupan -y duelen- los problemas de esta sociedad: desde nada más aterrizar en las manifestaciones contra la entrada en la OTAN hasta el 15M, rara es la movilización ciudadana en la que no haya participado. Comencé a militar en el movimiento okupa de Vallecas, en el Centro Cultural Popular Pablo Neruda. Luego rodé por diversos colectivos de duración variada pero siempre con vocación asamblearia, huyendo de la delegación de funciones (actitud que a la larga elimina la crítica razonada y el compromiso individual). Durante la burbuja inmobiliaria, cuando la contestación parecía desarbolada, lloré por los rincones, como tantos otros, debido a la grima que me provocaba el chirriante espejismo de felicidad y riqueza infinitas, por suerte no estaba solo, pequeños y tenaces núcleos de resistentes mantenían viva mi esperanza, a pesar de que prácticamente nos conocíamos de vista todos los que acudíamos a las manifestaciones que se convocaban. En el barrio llevo dieciséis años, participé -haciendo bulto- en la okupación de los cuarteles y en las movilizaciones siguientes como la del ambulatorio de Adelfas. Con el nacimiento del 15M me pregunté dónde habíamos estado todos, sin encontrar aún la respuesta; y cuando se realizó la primera asamblea en la plaza de los Chorritos el enorme número de indignados en el distrito me emocionó. De estudios, sólo C.O.U. Soy un parado de larga duración y no recibo prestación alguna, mi último oficio ha sido el de encuestador.

Motivación

Para mí la política es mejorar el bien común, analizando todo con una visión crítica, con la meta en una sociedad igualitaria, justa y auto-organizada. Quizás lo anterior no sea más que palabras bonitas y pájaros en mi cabeza, pero no puedo evitar el participar en política ya sea como ciudadano que piensa o como militante. Además, el involucrarme en un proyecto de democracia desde abajo es acercar la utopía a realidad, teniendo como primera consigna, si resulto elegido, la misma que la de José Artigas (el primero que se levantó contra la metrópoli en 1811, con una tropa de indios y gauchos desharrapados): «Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana». Ya lo sé: no voy a ser autoridad, cito para definirme: si llego a vocal vecino seré un atento escucha del vecindario sobre los problemas del barrio, mera correa de transmisión, un vocero. Y si no soy capaz de ello, renunciaré. Preferiría que todos los asuntos los resolviésemos en asambleas, porque la única manera de que la democracia funcione es que la ciudadanía se auto-organize y autogestione, porque nada ganaremos si no es usando juntos la palanca de la unión, del consenso. Todos tenemos una ideología, pero no importa cuál sea si se respeta a los demás porque la acción nos une y la discusión teórica nos separa, trabajando codo con codo la tesis se formulará sola.